María Ángeles Mezquíriz Irujo nació en Falces el 1 de febrero de 1929, hija de Pilar Irujo y Valentín Mezquíriz. A los seis años la familia se trasladó a Pamplona, pero Falces —su “palacio” familiar, el Palacio Díez de Texada— siguió siendo siempre su casa, adonde volvía cada Navidad con hijos y nietos.
Estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Zaragoza, en una época en que era raro que una mujer fuera a la universidad. Allí, un curso de verano en Canfranc con el profesor italiano Nino Lamboglia le descubrió la cerámica romana y cambió el rumbo de su vida. Con poco más de veinte años se fue becada a Italia, donde recorrió en moto —sin carné— los yacimientos de la Liguria y Sicilia, y aprendió el método estratigráfico de excavación, desconocido entonces en España.
De vuelta a casa, el profesor Luis Vázquez de Parga la reclamó para ordenar los restos arqueológicos de Navarra. Así empezó, en un edificio en obras y desde una mesa de caballetes junto a un fregadero, la aventura de su vida: el Museo de Navarra, que dirigió durante 41 años. Fue la primera mujer funcionaria de la Diputación Foral de Navarra y, con 28 años, su primera directora de museo.
Elegante, curiosa, tenaz y con un humor finísimo, compaginó toda su carrera con la crianza de seis hijos. “He tenido la gran suerte de poder dedicarme a mi verdadera pasión, la arqueología”, solía decir.